domingo, 1 de junio de 2008

POSMODERNIDAD


LITERATURA Y POSMODERNIDAD: CONJUNTO DE VOCES
Josefina calles
La polifonía, conjunto de las "voces"; no al simplemente lingüístico
que ofrece una perspectiva monológica y abstracta.
Estas "voces" no son sólo palabras sino un conjunto Interrelacionado de creencias y normas denominado "ideología”
BAJTIN

La realidad y la verdad son cimentaciones discursivas intersubjetivas; por ello, el lenguaje no es un medio inerte de expresión del sujeto o de representación del mundo. La literatura es un esparcimiento de lenguaje cuyo uso social la convierte en una importante tecnología de las nociones culturales porque no sólo refracta la realidad sino la crea y contribuye a conformar el imaginario colectivo y las representaciones sociales. La literatura no existe aislada y estática, es un conjunto de voces que formaliza, articula y recrea los lazos de sentido de lo sociocultural en una comunidad determinada.
La narrativa latinoamericana en la última década conduce a recorrer espacios fragmentados heterogéneos y violentos, encontrar persistencias y renovaciones, proyectos truncos, desplazamientos rebeldes que fortalecen la jerarquía y el orden, la perdida de la memoria, la incomunicación y la violencia son significados que articulan el devenir sociocultural de estos años.
El campo narrativo de los noventas está conformado por narradores que iniciaron su obra en esta década y por muchos otros que la prosiguieron en estos años, a partir de su inserción en los nuevos escenarios culturales y la configuración de nuevos sujetos que declaman los mundos representados y definen los marcos discursivos.
La posmodernidad es el periodo de la disolución de las fronteras, la hibridación de formas culturales, el reino del pastiche y la parodia; desde esta perspectiva, Plata (2004) señala que lo posmoderno se aborda de distintos márgenes entre ellas el ámbito cultural, las nuevas identidades, el auge de las mas-medias, la presencia de las tribus urbanas, el hedonismo, lo dionisiaco, la estética de lo banal y la vida cotidiana, de tal forma que conlleve a reflexionar los nuevos discursos narrativo.
En esta orden de ideas Vattimo (1986) señala que la posmodernidad además de representar algo novedoso respecto a lo moderno, también representa la disolución de la categoría de lo nuevo y por lo tanto de la del incesante progreso como una experiencia del fin de la historia.
De ese modo, la historia como un proceso unitario, queda deshecha y da pie a la presencia y validez de diferentes historias y relatos que rescatan el carácter local y particular del contexto. Vattimo, advierte que el post (pos) de la posmodernidad, indica una despedida de la modernidad, puesto que se quiere despojar de la lógica del desarrollo y de la idea de la superación. Piensa que para la definición y existencia del postmodernismo fueron necesarias dos condiciones: el fin del dominio de Europa sobre el resto del mundo y el desarrollo de los medios de comunicación que le dieron la palabra a la cultural local y minoritaria. A partir de las cuales también queda revelado el fin del universalismo y la llegada del multiculturalismo.

Siguiendo a Lyotard (1986) “el término postmoderno sólo sirve para señalar que algo declina en la modernidad. De ahí que la verdadera pregunta sobre el postmodernismo es más bien la pregunta sobre la modernidad. ¿Dónde comienza?,¿dónde termina?”2 Así se reafirma que la postmodernidad es una actitud antes que una teoría, es una acción que se realiza en el límite del intento por re-presentar el mundo.
En general la posmodernidad que invade todos los ámbitos de la vida de las nuevas sociedades, significa la ruptura con todo aquello que se había establecido como la forma universal, como los modelos o patrones generales en todos los campos a los que toda las sociedades se habrían de ajustar, en ese sentido se plantea que el postmodernismo significa el fin del sujeto, el fin de la historia, el fin de las ideologías. En su lugar predomina, se reproduce y pone de moda la existencia de la diferencia, de tomar las cosas por su particularidad, por sus características y valores distintivos.
En ese conjunto de voces conque se apropia la literatura para dar cuenta del imaginario colectivo de un pueblo, dentro del discurso posmoderno, tiene su asidero en la música popular caribeña como un espacio de la cultura donde se pone de manifiesto el sentimentalismo latinoamericano a través de las letras de las canciones. La música viaja por toda Latinoamérica develando las crónicas de los pueblos, costumbres, tradiciones, espacios cotidianos, la miseria, el dolor, allí vemos reflejado nuestra visión de mundo.
Desde este punto de vista López(1998) advierte que la literatura ha vuelto ha recuperar a la música como esa gama de manifestaciones, sin enfocarla en el ámbito de la ejecución, más bien desde, la literatura a través de la significación recepción ejercida por un pueblo y, más recientemente por los intelectuales.
Estas reflexiones las traza Plata (2004) cuando afirma:
"Así cuando hablamos de música popular, nos estamos refiriendo a la música hecha,... sostenida y ejecutada por el pueblo, porque habita los bordes, los márgenes, en donde encajan no sólo las expresiones folklóricas sino todas aquellas manifestaciones rítmicas que vienen a ser el resultado de una cultura local, de una cultura mestiza, híbrida y por tanto pluricultural"

Desde esta mirada la narrativa muestra los discursos de resistencia, su forma escritural se realiza desde los bordes, los márgenes donde conviven los sujetos periféricos, dentro de estos se encuentra la obra Pero sigo siendo el Rey del colombiano David Sánchez Juliao, Ya no estas mas a mi lado corazón de Enrique plata, Si yo fuera Pedro Infante de Eduardo Liendo, Devórame otra vez del puertorriqueño Rafael Sánchez, Parece que fue ayer de Denzil Romero, Perfume de Gardenia de Laura Antillano, De dónde son los cantantes de Severo Sarduy, Las palabras perdidas de Jesús Díaz, Como hacer el amor con un negro sin cansarse, del haitano Dany Laferriére, Viva la pasta de Renato Rodríguez, Yo soy la rumba de Ángel Gustavo Infante, El inquieto anacobero y otros relatos de Salvador Garmendia, Delito por Bailar el chachachá de Guillermo Cabrera Infante, El padre Mío de la chilena Eltit Diamela, Arráncame la vida de Ángeles Mastreta, En el Bar la vida es más sabrosa de Luis Barrera Linares, Juró que sabré vengarme del dominicano Miguel Holgín, La última noche que pasé contigo de Maira Montero, Entre el oro y la carne de Napoleón Oropeza, Escena contra la pared de Milagros Socorro, entre otros.
En estos textos el discurso se cuenta desde la periferia, se pone al descubierto al sujeto del borde, habitante de los barrios, allí se conjugan los sueños lujuriosos, dejando ver las angustias existenciales, historias fragmentadas de amores que terminan en tragedia, discurso híbridos que se entrecruzan con la crónica, escenarios cinematográficos y discursos transfronterizo. Con el arribo de las vanguardias y los análisis formalistas y estructuralistas, se puede asumir que todas las obras son palimpsestos (textos creados sobre la base de otros textos), sin embargo esta categoría tiene diversas acepciones de acuerdo a los diferentes teóricos que se han ocupado de la crítica literaria.
Para Genette (1982), palimpsesto puede también definir a aquel texto que muestra los ecos de uno anterior. De este concepto se sirvió para describir las relaciones transtextuales, que no son otra cosa que la reelaboración constante —valiéndose de infinitos recursos— de un escrito, una historia o una idea, en escritos, historias e ideas subsecuentes
· La intertextualidad, para Genette consiste en enmarcar a un texto dentro de otro, por medio de la cita, la alusión o el plagio. La primera es la reproducción exacta de una frase o texto, cuya fuente debe ser necesariamente mencionada. La segunda es la referencia a un texto que no es directamente nombrado, pero sí inequívocamente sugerido. Y el plagio es la “apropiación” lícita de una idea, modificándola y adaptándola al contexto en el cual se la quiere destacar, por ejemplo en los títulos periodísticos. La intertextualidad puede darse, también, desde dos enfoques diferentes: en forma de homenaje o de parodia
La idea de intertextualidad tiene una implicación evidente: ningún sujeto puede producir un texto autónomo. Al decir “autónomo” nos referimos a un texto en el que no existieran vínculos con otros textos, un texto que surgiera límpido, impoluto de la mente del sujeto que lo produjera. Esto implica que los sujetos producen sus textos desde una necesaria, obligada, vinculación con otros textos. El sujeto, pues, no es una entidad autónoma, sino un cruce, una intersección discursiva, un “diálogo”, en última instancia. Como señalaba Kristeva, “absorción” y “transformación” pasan a ser los dos momentos de la secuencia productiva textual. Desde esta perspectiva los textos posmodernos se elaboraran mostrando un juego intertextual.
En lo literario, estas condiciones postmodernas se demuestran en la sobre-intromisión del autor, la presencia manifiesto del narrador, los intentos tipográficos, las listas absurdas, el retorno infinito, el rompimiento espacial y temporal del texto, la auto-reflexión plasmada en la inclusión de la crítica literaria, la contradicción, la interrupción, el exceso, la alteridad, la permutación, la sustracción selectiva y evidente de otros textos, los diálogos paradójicos, la combinación de artes y de géneros, entre otros recursos que garantizan la simulación.
La relación entre literatura y posmodernidad no sólo se somete a una moda o a una discusión de orden pasajero: constituye toda una perspectiva crítica capaz de iluminar la creación contemporánea. La querella, sin embargo, se presenta atravesado de modo tal que cualquier aproximación a un modelo que sea capaz de dar cuenta de esta relación resulta siempre confusa o contradictoria. La dificultad radica, sobretodo, en el hecho de que la discusión sobre posmodernidad implica un discurso que no es homogéneo, un discurso que ni siquiera es integrable, y cualquier intento de determinación o definición está destinada a la fragmentación, a la inconsistencia o a la dispersión.
En tal sentido la actitud postmoderna, acuñada desde la filosofía, nace en ese intento de interpretar la problemática de la sociedad después de “la muerte de las utopías”. El cabalgamiento de la actitud postmoderna con la literatura se constituye al reconocer a ésta última como reflejo de la sociedad y del pensamiento humano.
Particularidades de la posmodernidad asumidas en la literatura

a) Diferencia, entendida como una multiplicidad de identidades culturales que se encuentran en la urbe y que reúnen un conjunto de voces donde todos participan y da pie a pensar que somos una entre diversidad de cultura.
b) Pluralidad, demarca una multiplicidad de racionalidades ya no se va a pensar en una razón universal unificadora sino en muchas racionalidades, y en muchas maneras de ver y vivir el mundo.
c) Relativismo, cuando se acepta las diferencias en un mundo de pluralidad, genera un vacio de ideales no hay un modelo de hombre ideal.
d) Comunicación en masa, factor primordial en la sociedad posmoderna, la comunicación rompe toda las fronteras muestran la diversidad de realidades el sentido de la historia y de la razón se ve alterado de manera definitiva.
e) Vacío de ideologías, con el fin de la modernidad o de la historia no hay ideologías. Como consecuencia del relativismo, de la pluralidad, del reconocimiento de la diferencia y de la comunicación en masa, mueren las ideologías como un sistema ordenado de ideas, en la posmodernidad surgen y tienen cabida muchas maneras de pensar.


Características de la narrativa hispanoamericana a partir de1975:Posmodernidad
1) Recuperación del realismo distingue a los novísimos de la promoción anterior, cuyo interés recaía más sobre el proceso mismo de la creación (meta-literatura) y sobre las dimensiones imaginarias, mágicas y fantásticas de la experiencia humana (opinión de Rama).
2) Un tangible aumento de novelas de tema histórico que emprenden la tarea de releer la historia por medio de una reflexión meta-histórica, que incluye la parodia y la distorsión grotesca con el objetivo de des-construir la historiografía oficial.
3) El exilio interior y exterior, el motivo de distancia y desgarramiento conforma la escritura de numerosos autores, particularmente en la década del ochenta.
4) La creciente importancia de autores no capitalinos y la vuelta a temas rurales y a la exploración de la tierra y de la denuncia social.
5) El enriquecimiento de los distintos registros del lenguaje coloquial con las variantes regionales y la insistencia particular en el habla de los que —a causa de su clase social, raza, sexo o preferencia sexual- han sido marginados o considerados “periféricos” a la cultura dominante (burguesa, europeizante, patriarcal)
6) La osadía en la exploración de la sexualidad. El decidido paso a formas de escritura erótica imaginativa está marcado por novelas
7) Una presencia establecida de la escritura femenina y el creciente reconocimiento critico de la misma.
8) En contraste con la prosa del boom, la novísima narrativa abandona tanto los grandes meta-discursos (el mito) como la obsesiva búsqueda de la identidad (latinoamericana nacional).
9) De acuerdo con las tendencias de la posmodernidad, el énfasis recae en la fragmentación de la identidad y del canon estético.
10) De ahí la insistencia sobre lo local, lo diferente, lo periférico,

REFERENCIAS

Bajtín, M. (1990) Estética y creación verbal. Siglo veintiuno Editores. México
Genette, G. (1989) Palimpsestos, Madrid, Ed. Taurus
Lyotard, F. (1986) La Postmodernidad (explicada para niños). Madrid: Gedisa
López, H. (1998) La música caribeña en la literatura de la postmodernidad. 1º edición ULA Mérida. Venezuela
Plata, E. (2004) Al acecho de la postmodernidad: El Caribe cuenta y canta .fondo de publicaciones APULA. Mérida .Venezuela
Vattimo, G. (1986); El Fin de la modernidad. Gedisa, Barcelona.España