martes, 3 de junio de 2008

LITERATURA PREHISPANICA






Historia del Popol-Vuh
(WIKIPEDIA)

Se desconoce la existencia de una versión original del Popol Vuh, según Delia Goetz: "Deberíamos suponer que sería un libro de pinturas con jeroglíficos que los sacerdotes interpretaban al pueblo para mantener vivo el conocimiento del origen de su raza y los misterios de su religión.". La primera versión escrita de la cual se tiene registro fue elaborada en lengua Quiché utilizando caracteres españoles a mediados del siglo dieciséis - algunos autores la ubican en la década comprendida entre 1550 y 1560. Dicha versión permaneció oculta hasta 1701, cuando los mayas quiché de la comunidad de Santo Tomás Chuilá (hoy Chichicastenango, Guatemala) mostraron la recopilación de sus historias y mitología a un sacerdote dominico: Fray Francisco Ximénez.
Se desconoce el nombre del autor de esta primera versión pero Fray Francisco Ximénez, al notar la importancia del documento, decidió traducirlo asegurando la fidelidad del escrito. Su versión está estructurada en 2 columnas, en una estaba la versión quiché; y en la otra la traducción de Ximénez. La primera versión fue una traducción demasiado literal y resultó muy confusa y oscura. Luego escribió una segunda versión menos literal que incluyó en su "Historia de la Provincia de Santo Vicente de Chiapa y Guatemala" que terminó en 1722.
Los trabajos de Ximénez permanecieron archivados en el Convento de Santo Domingo hasta 1830 cuando fueron trasladados a la Universidad de Guatemala. En 1854 fueron encontrados por el austriaco Dr. Charles Scherzer, quien en 1857 la publicó en Viena bajo el título primitivo "Las Historias del origen de los indios de esta provincia de Guatemala".
El americanista Charles Etienne Brasseur de Bourbourg se apropió del escrito original de Ximénez y lo tradujo al francés. En 1861 publicó un hermoso volumen bajo el título de "Popol Vuh, Le livre Sacré et les mythes de l'antiquité américaine".
Actualmente la primera traducción de Ximénez al castellano, y su "Manuscrito de Chichicastenango" se encuentran en la Biblioteca Newberry, en Chicago, Estados Unidos.
El Popol Vuh, es la esencia de la verdadera historia Kekchí y no Quiché, como se pretende argumentar en todos los libros y textos, producto de la poca atención a la lectura por parte todos aquellos que han tenido la oportunidad de leerlo, pero, no han prestado la mínima atención en ubicar cada una de las áreas geográficas allí mencionadas, concretándose a dar una vaga lectura, como a cualquier libro novelesco. Todas las descripciones están bien enmarcadas en el área geográfica de Alta Verapaz, Guatemala, comprendidas desde las desembocaduras de los ríos Cahabón y Polochic, hasta lo que hoy son las ciudades contemporaneas de Carcha, Chamelco, Cobán, Tactic, San Cristobal Verapaz, (toda esta region es la denominada Xibalbá); como referencia, por lo que ya no sigan mal llamando al popol vuh como libro sagrado de los quiches que es de muy mal gusto para la etnia Kekchí que es la precursora de la civilización Maya y por lo consiguiente de la etnia Quiché, por razones migratorias de esta misma región. Los testimonios que ofrece el Popol Vuh, fueron extraídos por los misioneros dominicos de esta área geográfica mesoamericana y llevados a la región del Quiché, Chichicastenango porque, esas eran sus sedes en esos delicados tiempos de inquisición española que tuvo también sus mas altas repercuciones en esta región haciendo sufrir al indigena desde aquellos tiempos hasta los actuales tiempos. Por múltiples factores, esta área de Xibalbá, jamás fue conquistada, por ningun ejercito español o etnico de aquella epoca y anteriores, por lo que se le denominaba la tierra de "Tezulutlan" la tierra de guerreros ferreos que no se dejaban subyugar por influencias externas, quedando aislados del resto del mundo hasta hoy dia con el tipo de marginación al no haber fuentes de desarrollo, aun no existen carreteras adecuadas, hospitales, escuelas, energía electrica, servicios de comunicación telefónica, etc. todo aquello que se denomina desarrollo moderno... El mismo Popol Vuh descubre que esta región de la Alta Verapaz, es la precursora del Maíz, kakaw, etc, (en cuanto a alimentos, y para los amantes del deporte moderno es la precursora de los deportes de juego con balón más antiguo jamás registrado, ya que, el juego de pelota maya, es la iniciadora del moderno Futbol, baloncesto, voleibol, balonmano y todo tipo de deporte con balon... (la razón, es que en europa no se conocia ningun juego de pelota, ni siquiere tenian idea del balon), fueron los ingleses que transportaban maderas finas y caucho (látex). Los ingleses se llevaron la idea original del area de Xibalbá del juego de pelota maya, pero, no así la tecnica correcta de elaborar la pelota con el caucho(latex), por lo que al momento de confeccionar sus propios balones, toman la forma ovoide y posterioremente con este tipo de elemento dan origen al Rugby, que a su vez le da lugar al futbol soccer y al futbol americano de la actualidad, es por ello que dicen: que los ingleses son los inventores del futbol moderno, si, del moderno y sus reglas, pero, los verdaderos y unicos inventores originales son los originarios de esta llamada Xibalba, en mesoamerica. (toda la historia mesoamericana esta descrita en el popol vuh y en la región de xibalba, allí estan las respuestas a muchas preguntas e incognitas para los cientificos de hoy, origenes de etnias, alimentos, calendarios, etc, y la solución a los problemas sociales del futuro... ¿como vivir en sociedad, que tipo de economía y bajo que nueva cosmovisión deben vivir nuestra actual civilización).
La Creación según el Popol Vuh

Ésta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo.
Ésta es la primera relación, el primer discurso. No había todavía un hombre, ni un animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques: sólo el cielo existía.
No se manifestaba la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en calma y el cielo en toda su extensión. No había nada junto, que hiciera ruido, ni cosa alguna que se moviera, ni se agitara, ni hiciera ruido en el cielo. No había nada que estuviera en pie; sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia.
Solamente había inmovilidad y silencio en la oscuridad, en la noche. Sólo el Creador, el Formador, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, estaban en el agua rodeados de claridad. Estaban ocultos bajo plumas verdes y azules.
Llegó aquí entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gugumatz, en la oscuridad, en la noche, y hablaron entre sí Tepeu y Gugumatz. Hablaron, pues, consultando entre sí y meditando; se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento. Entonces se manifestó con claridad, mientras meditaban, que cuando amaneciera debía aparecer el hombre. Entonces dispusieron la creación y crecimiento de los árboles y los bejucos y el nacimiento de la vida y la claridad en acción del hombre. Se dispuso así en las tinieblas y en la noche por el Corazón del Cielo, que se llama Huracán.
El primero se llama Caculhá Huracán. El segundo es Chipi-Caculhá. El tercero es Raxa-Caculhá. Y estos tres son el Corazón del Cielo.
Entonces vinieron juntos Tepeu y Gugumatz; entonces conferenciaron sobre la vida y la claridad, cómo se hará para que aclare y amanezca, quién será el que produzca el alimento y el sustento.
-¡Hágase así! ¡Que se llene el vacío! ¡Que esta agua se retire y desocupe el espacio, que surja la tierra y que se afirme! Así dijeron. ¡Que aclare, que amanezca en el cielo y en la tierra! No habrá gloria ni grandeza en nuestra creación y formación hasta que exista la criatura humana, el hombre formado. Así dijeron.
Luego la tierra fue creada por ellos. Así fue en verdad como se hizo la creación de la tierra:
- ¡Tierra!, dijeron, y al instante fue hecha.
Como la neblina, como la nube y como una polvareda fue la creación, cuando surgieron del agua las montañas; y al instante crecieron las montañas.
Solamente por un prodigio, sólo por arte mágica se realizó la formación de las montañas y los valles; y al instante brotaron juntos los cipresales y pinares en la superficie.
Y así se llenó de alegría Gugumatz, diciendo:
-¡Buena ha sido tu venida, Corazón del Cielo; tú, Huracán, y tú, Chípi-Caculhá, Raxa-Caculhá!
-Nuestra obra, nuestra creación será terminada, contestaron.
Primero se formaron la tierra, las montañas y los valles; se dividieron las corrientes de agua, los arroyos se fueron corriendo libremente entre los cerros, y las aguas quedaron separadas cuando aparecieron las altas montañas.
Así fue la creación de la tierra, cuando fue formada por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando el cielo estaba en suspenso y la tierra se hallaba sumergida dentro del agua..
De esta manera se perfeccionó la obra, cuando la ejecutaron después de pensar y meditar sobre su feliz terminación.
Luego hicieron a los animales pequeños del monte, los guardianes de todos los bosques, los genios de la montaña, los venados, los pájaros, leones, tigres, serpientes, culebras, cantiles (víboras), guardianes de los bejucos.
Y dijeron los Progenitores:
-¿Sólo silencio e inmovilidad habrá bajo los árboles y los bejucos? Conviene que en lo sucesivo haya quien los guarde.
Así dijeron cuando meditaron y hablaron enseguida. Al punto fueron creados los venados y la aves. En seguida les repartieron sus moradas los venados y a las aves:
-Tú, venado, dormirás en la vega de los ríos y en los barrancos. Aquí estarás entre la maleza, entre las hierbas; en el bosque os multiplicaréis, en cuatro pies andaréis y os tendréis. Y así como se dijo, así se hizo.
Luego designaron también su morada a los pájaros pequeños y a las aves mayores:
-Vosotros, pájaros, habitaréis sobre los árboles y los bejucos, allí haréis vuestros nidos, allí os multiplicaréis, allí os sacudiréis en las ramas de los árboles y de los bejucos. Así les fue dicho a los venados y a los pájaros para que hicieran lo que debían hacer, y todos tomaron sus habitaciones y sus nidos.
De esta manera los Progenitores les dieron sus habitaciones a los animales de la tierra.
Y estando terminada la creación de todos los cuadrúpedos y las aves, les fue dicho a los cuadrúpedos y pájaros por el Creador y Formador y los Progenitores:
-Hablad, gritad, gorjead, llamad, hablad cada uno según vuestra especie, según la variedad de cada uno. Así les fue dicho a los venados, los pájaros, leones, tigres y serpientes.
-Decid, pues, nuestros nombres, alabadnos a nosotros, vuestra madre, vuestro padre. ¡Invocad, pues, a Huracán, Chipi-Caculhá, Raxa-Caculhá, el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra el Creador, el Formador, los Progenitores; hablad, ínvocadnos, adoradnos!, les dijeron.
Pero no se pudo conseguir que hablaran como los hombres; sólo chillaban, cacareaban y graznaban; no se manifestó la forma de su lenguaje, y cada uno gritaba de manera diferente.
Cuando el Creador y el Formador vieron que no era posible que hablaran, se dijeron entre sí:
-No ha sido posible que ellos digan nuestro nombre, el de nosotros, sus creadores y formadores. Esto no está bien, dijeron entre sí los Progenitores. Entonces se les dijo:
-Seréis cambiados porque no se ha conseguido que habléis. Hemos cambiado de parecer: vuestro alimento, vuestra pastura, vuestra habitación y vuestros nidos los tendréis, serán los barrancos y los bosques, porque no se ha podido lograr que nos adoréis ni nos invoquéis. Todavía hay quienes nos adoren, haremos otros seres que sean obedientes. Vosotros, aceptad vuestro destino: vuestras carnes serán trituradas. Así será. Ésta será vuestra suerte. Así dijeron cuando hicieron saber su voluntad a los animales pequeños y grandes que hay sobre la faz de la tierra.
Así, pues, hubo que hacer una nueva tentativa de crear y formar al hombre por el Creador, el Formador y los Progenitores.
-¡A probar otra vez! Ya se acercan el amanecer y la aurora; ¡hagamos al que nos sustentará y alimentará! ¿Cómo haremos para ser invocados para ser recordados sobre la tierra? Ya hemos probado con nuestras primeras obras, nuestras primeras criaturas; pero no se pudo lograr que fuésemos alabados y venerados por ellos. Probemos ahora a hacer unos seres obedientes, respetuosos, que nos sustenten y alimenten. De este modo hicieron a los seres humanos que existen en la tierra.

Los Dioses Gemelos: Hunahpú e Ixbalanqué

El Popol Vuh también relata las hazañas de Los Dioses Gemelos: Hunahpú e Ixbalanqué, que descendieron a Xibalbá(inframundo) y vencieron a los Ajawab, y se convirtieron en el Sol y la Luna. He aquí un fragmento de la historia de su nacimiento:
Cuando llegó el día de su nacimiento, dio a luz la joven que se llamaba Ixquic; pero la abuela no los vio cuando nacieron. En un instante fueron dados a luz los dos muchachos llamados Hunahpú e lxbalanqué. Allá en el monte fueron dados a luz.
Luego llegaron a la casa, pero no podían dormirse.
-¡Anda a botarlos afuera!, dijo la vieja, porque verdaderamente es mucho lo que gritan. Y en seguida fueron a ponerlos sobre un hormiguero. Allí durmieron tranquilamente. Luego los quitaron de ese lugar y los pusieron sobre las espinas.
Ahora bien, lo que querían Hunbatz y Hunchouén era que murieran allí mismo en el hormiguero, o que murieran sobre las espinas. Deseábanlo así a causa del odio y de la envidia que por ellos sentían Hunbatz y Hunchouén.
Al principio se negaban a recibir en la casa a sus hermanos menores; no los conocían y así se criaron en el campo. Hunbatz y Hunchouén eran grandes músicos y cantores; habían crecido en medio de muchos trabajos y necesidades y pasaron por muchas penas, pero llegaron a ser muy sabios. Eran a un tiempo flautistas, cantores, pintores y talladores; todo lo sabían hacer.
Tenían noticia de su nacimiento y sabían también que eran los sucesores de sus padres, los que fueron a Xibalbá y murieron allá. Grandes sabios eran, pues Hunbatz y Hunchouén y en su interior sabían todo lo relativo al nacimiento de sus hermanos menores. Sin embargo, no demostraban su sabiduría, por la envidia que les tenían, pues sus corazones estaban llenos de mala voluntad para ellos, sin que Hunahpú e lxbalanqué los hubieran ofendido en nada.
Estos últimos se ocupaban solamente de tirar con cerbatana todos los días; no eran amados de la abuela ni de Hunbatz, ni de Hunchouén. No les daban de comer; solamente cuando ya estaba terminada la comida y habían comido Hunbatz y Hunchouén, entonces llegaban ellos, Pero no se enojaban, ni se encolerizaban y sufrían calladamente, porque sabían su condición y se daban cuenta de todo con claridad. Traían sus pájaros cuando venían cada día, y Hunbatz y Hunchouén se los comían, sin darle nada a ninguno de los dos, Hunahpú e lxbalanqué.
La sola ocupación de Hunbatz y Hunchouén era tocar la flauta y cantar.

HOMBRES DE MAÍZ


LA ESTRUCTURA SOCIAL EN «HOMBRES DE MAÍZ», DE MIGUEL ÁNGEL ASTURIAS
Si bien todos los comentaristas están de acuerdo en afirmar que, en la trayectoria de Miguel Ángel Asturias, Hombres de maíz, obra de la madurez del autor, abre el ciclo del «realismo mágico», y si bien muchos de ellos la estudian bajo el enfoque de la magia, pocos son los que se ocupan de la otra cara del binomio, o sea, del elemento real que funda la trama —o una de las tramas— de este libro complejo y muchas veces desconcertante. Lejos de toda polémica, ya que el problema del compromiso de la novelística asturiana se ha debatido hasta la saciedad, quisiera tratar de indagar cuál es el tipo de realidad social sobre el que se asienta la novela y hasta qué punto es inherente a ella. Además mi impresión es que, no siendo ni mucho menos el tema primordial de Hombres de maíz, la evocación de la realidad ha de ser tanto más significativa de un estado de cosas objetivo.
Así pues, lo que este estudio pretende llevar a cabo es poner de manifiesto las diversas facetas de la estructura social que la novela refleja o deja vislumbrar y ponderar en lo que cabe su valor de impacto o simplemente de testimonio. El tema de Hombres de maíz, que da el título a la novela, es seguramente bien conocido. Se trata, en pocas palabras, del conflicto que opone a aquellos de los indicios del occidente de Guatemala que, aun compenetrados con la mitología de los antepasados mayas, tienen sacralizado al maíz, a los que no ven en este cereal sino uno de tantos productos de la industria humana y, por ende, explotable y comercializable. Así es como se
define el maíz en las primeras páginas del libro: Sembrado para comer es sagrado sustento del hombre que fue hecho de maíz. Sembrado por negocio es hambre del hombre que fue hecho de maíz (p. 12). '
1. La paginación de las referencias corresponde a la de la Edición Losada, sexta edición,
Buenos Aires 1968. 700 Raquel Thiercelin

A este tema fundamental se añade el de la locura ambulatoria de la mujer, de la María Tecún, legendaria y real a la vez, y de sus secuaces; huida que tiene como consecuencia su desesperada búsqueda por el abandonado e inconsoloble amante.
Esta carencia de unidad en la temática muchas veces desconcierta, pues los dos temas no tienen entre sí otro vínculo que el de la maldición echada por los «brujos de las luciérnagas» contra todos aquellos que quebrantaran la ley sagrada que impone venerar el alimento del hombre. Pero la unidad del libro reside en que se trata de un conflicto (tanto socioeconómico como
metafísico) y de sus consecuencias, maldición y castigo que se propagan de generación en generación —aquí de capítulo a capítulo— sin llegar a resolverse, al menos que se considere la reunión final del esposo con María Tecún y el hijo de ambos como una esperanza de salvación, aunque, fuerza es subrayarlo, salvación de carácter puramente individual.
Así definido, el conflicto se desenvuelve a lo largo de seis capítulos o episodios que enlazan entre sí del siguiente modo:
Hay un primer tiempo de cuatro capítulos titulados respectivamente:
Gaspar Ilóm, Machojón, El venado de las siete rozas, Chalo Godoy. Corresponden a la muerte por traición del cacique indio Gaspar Ilóm y al cumplimiento de la maldición sobre los que de cerca o lejos fueron los agentes del desastre. Cumplida la profecía, hay como un salto en el tiempo que
corresponde al desplazamiento temático. La maldición que sigue pesando, sobre las mujeres esta vez, es también obra de los «brujos de las luciérnagas», aunque sin vinculación directa ni con la comercialización del maíz ni con la muerte de Gaspar. La causa de esta maldición no está muy claramente definida; se presenta más bien como una fatalidad, un sino incomprensible,
aun cuando, al final de la novela, María Tecún de vuelta de sus andanzas pretenda que se dejó al marido por no tener demasiados hijos—argumento que no convence a nadie.
Estas consideracinoes acerca de la composición de Hombres de maíz no eran del todo inútiles a nuestro propósito, pues la visión social que nos da el autor dista mucho de ser uniforme. Limitada al principio (en los cuatro episodios del primer grupo), se va ensanchando poco a poco hasta compner, en el último capítulo titulado «Correo Coyote», que es también el más extenso pues cubre por sí solo la mitad de la obra, un cuadro mucho más completo abarcando tipos sociales cada vez más diversificados. Así, la doble historia de la mujer que «tecunea», en los capítulos finales María Tecún y Correo Coyote, se presenta en íntima imbricación con episodios
y anécdotas diversos por los que circula gran número de personajes que de La aíniclura social en «Hombres de maíz», de Miguel A. Asturias 701 ningún modo se pueden calificar de secundarios. La visión social de Hombres de maíz es, pues, la de una pirámide al revés, y creo que es oportuno
preguntarse cuál es el significado de tal composición. Indudablemente, el presente estudio tenía:ique seguir el orden de la progresión misma del drama, el más indicado para llegar a una clarificación y a un mejor entendimiento del sentido profundo de esta obra tan compleja y tan rica.
Como ya se ha dicho, Hombres de maíz es la historia de un conflicto; y el libro empieza en son de guerra. Una guerra sin cuartel entre dos grupos sociales, los indios de Ilóm, capitaneados por el Gaspar, y los «maiceros » que están talando las selvas para sembrar cada vez más maíz por afán
de lucro. Así es como resume la situación el cacique de Ilóm:
Hay que limpiar la tierra de Ilóm de los que botan los árboles con hacha, de los que chamuscan el monte con las quemas, de los que atajan el agua del río que corriendo duerme y en las pozas abre los ojos (...) los maiceros, esos que
han acabado con la sombra (...).
Y si fuera por comer. Por negocio. Y si fuera por cuenta propia, pero a medias en la ganancia con el patrón y a veces ni siquiera a medias. El maíz empobrece la tierra y no enriquece a ninguno. Ni al patrón ni al mediero (p. 12).
Envenenado Gaspar por arte y maña de Machojón y de su esposa la Vaca Manuela, diezmadas las indiadas, se acaba la guerra de Ilóm y el desaparecido cacique pasa a ser héroe de leyenda en la imaginación popular. Y esta traición, engendradora de la maldición que va a pesar sobre el destinode los hombres, toma el carácter de mito pero también de origen y principio tanto del drama como de los dramas. La destrucción de la tribu de Ilóm sirve de punto de partida para el cómputo del tiempo: «Fue cuando la guerra de Ilóm» (...) «fue cuando usted le pudo al cacique de Ilóm» (p. 175), repetirá seis años más tarde, o sea en vísperas de la séptimaroza, el subteniente Musús al malogrado coronel Chalo Godoy.
Es que la guerra de Ilóm representa algo más que un dramático episodio de la novela. La guerra de Ilóm, o mejor dicho la derrota de Ilóm, es el último acto de resistencia del pueblo indio, el ocaso de un estatuto económico, social y cultural a la vez, el final del sentimiento de pertenencia a una comunidad, a un orden social. Es, en resumidas cuentas, una verdadera disgregación social. Con la derrota de Ilóm «se apagó la luz de las tribus» (p. 249).
A partir de entonces, en ningún momento de la novela vuelven los indios a aparecer como grupo organizado. Cuando aparecen es individualmente, como seres inferiores, humillados, más indefensos aún que los demás: J02 Raquel Thiercelin
Los cuatreros no nos quieren a los indios, somos razas de chuchos miedosos dicen, así se expresa el indio carguero que lleva a cuestas el cajón de muerto para el Curandero (p. 78). En adelante, salvo alguna alusión de este tipo, la base de la sociedad está compuesta por una masa indistinta de indios y mestizos. Para las clases altas, la asimilación entre ambos grupos es absoluta, así lo da a entender la blanca esposa de don Deferio, el rico alemán, compositor de música a sus horas: Doña Elda aceptaba que las leyendas de Alemania eran verdaderas; pero no las de aquel pobre lugar de indios chuj y ladinos calzados y piojosos (p. 173). Cuando los vemos existir como grupo es para observar que están en plena represión como los cincuenta mil indios de la parroquia codiciada por don Casualidón, el quijotesco cura español:
Los cincuenta mil habitantes, repartidos en hondonadas y riscos, extraños al mundo que parpadeaba fuera, bajo las estrellas, dormían su cansancio de raza
vencida (p. 229). Los nativos eran indios pobres, llenos de necesidades por sus familias numerosas. La riqueza que pasaba por sus manos en los lavaderos de oro y en los trabajos de campo, no era de ellos. Salarios de miseria para vivir enfermos, raquíticos, alcoholizados (p. 230).
El indio se encierra en sí mismo, se envuelve de misterio como aquel santero que
se desaparecía cuando tenía encargo de alguna imagen, y así oculto le daba forma con sus fierros y hasta que el santo estaba edificado lo mostraba entre flores y rezos (p. 191).
La derrota de Gaspar Ilóm, que significa la desaparición de los indios como entidad social, como grupo de presión, va a ser también, por la fatalidad que pesa sobre todos los hombres, el principio de una disgregación general.
A partir del segundo capítulo, titulado Machojón, empieza a actuar la maldición, se desencadenan las calamidades. Primero, con el trágico final del hijo de Machojón, que se aparece como jinete de fuego ante los horrorizados maiceros, seguido de la muerte suicida del padre que cobra un carácter de apoteosis al internarse en sus propios maizales después de prenderles fuego; el tercer capítulo ve la venganza de los hermanos Tecún que cortan las cabezas de los ocho Zacatón, hijos y nietos del farmacéutico La estructura social en «Hombres de maíz», de Miguel A. Asturias JQ} que vendió el brebaje de la traición. Y sigue la maldición con la muerte del
coronel Chalo Godoy, enloquecido por la proximidad de los «brujos de las luciérnagas» y con la huida de María Tecún y más tarde la esposa del correo de Pisigüilito, Señor Nicho Aquino, quien se convierte en coyote perdiéndose para siempre para la sociedad de los hombres, Y es que la existencia que esta sociedad ofrece a la inmensa mayoría no tiene, que digamos, mucho aliciente. Viven en pueblos lóbregos, «un encumbramiento de casas feas, con una iglesia triste» (p. 237) o en ranchos miserables perdidos en los rincones olvidados de las montañas (p. 149), a grandes distancias de la capital a la que se accede por caminos que no son ni buenos ni seguros. De la capital, el autor sólo nos da una visión rápida y como infantil, por los ojos de un arriero despachado en busca del extraviado correo. La capital es un mundo aparte, misterioso, incomprensible.
En los pueblos reside una minoría de proceres, ricos o asimilables. Algún comerciante, alemán o chino, «con comercio en la capital», el alcalde, el Mayor de plaza, el coronel Chalo Godoy (que morirá víctima de la maldición), el padre Valentín Urdáñez que entretiene sus ocios escribiendo
largos informes seudoantropológicos acerca de las costumbres y creencias de sus parroquianos (p. 144). Muchos de ellos son anónimos: el juez, el administrador de correos, el Mayor de Plaza; su estatuto de funcionarios parece ser envidiable y en cierto lugar se recalca irónicamente que «funcionario quiere decir persona que siempre tiene razón» (p. 172), y por eso Nicho Aquino se considera «un nadie desde que dejó de ser correo» (página266). Su holgura es la del pueblo, Pisigüilito o San Miguel de Acatan, simbolizada por cierto tipo de edificios: la botica, la administración de correos, la mayoría de plaza, algunas tiendas y... la luz eléctrica.
El oficio de las armas es más ambiguo, más peliagudo y, por ende, menos envidiable. Así piensa el subteniente Musús en plena campaña de
«la expedicionaria»-.
Al subteniente le zumbaban los oídos como con la quinina (...). Oficio de
trastornados ese de los cuatreros o ese de ellos de andar matando gente
(p. 69).
La indumentaria misma de los soldados revela que tampoco ellos están
exentos de necesidades: Descalzos, vestidos al desigual, pero todos con correajes de soldados (p. 80).
Y se sabe que a su paso peligran las reses y las gallinas... cuando no las mujeres.
Así y todo, representan un rango, si bien no muy elevado, en la sociedad,
y, en las fondas, suelen lucir modales sui generis «para no desacreditarse
» (p. 155).
J04 Raquel Thiercelin
De paso hay que mencionar a algún aventurero de profesión, a algún
extraño viajante de comercio como el famoso don Nelo y sus máquinas de
coser capaces de traer la perturbación en los espíritus femeninos: Ahora «tecunean» a las mujeres los agentes de las máquinas de coser calentándoles
la cabeza..., se queja un arriero (p. 155).
Pero los numerosos personajes que forman la trama de la novela pertenecen a las clases más humildes de la hociedad y desempeñan esos oficios que según decía Larra «son medios de vivir que no dan de vivir». Son los arrieros, los cargueros (así el que llevaba a cuestas el cajón de muerto a través del Tembladero); las mujeres son tortilleras y en el mejor de los casos fonderas, entre ellas la Ña Monchita, que era a la vez partera, curandera y casamentera, o la eterna novia del hijo de Machomojón, que tiene una venta de carne de marrano a orilla del camino: «Su vida era el camino», dice el autor para definirla (p. 212).
Y, lo que resalta, es que esa «inmensa mayoría» (a la que pertenecen los dos héroes finales: Goyo Yic, el mendigo ciego y Nicho Aquino, el pedestre correo) vive totalmente al margen de las riquezas del país y de los circuitos comerciales y sin entender siquiera el mecanismo sobre el que se asienta el bienestar de los pueblos «como si la tenencia y propiedad de las cosas fueran combinaciones de la suerte puramente ficticias», piensa Hilario el arriero al ver rodar los dados con que se está jugando las muías (p. 223). Prueba de ello también es la aventura o tragicomedia de Goyo Yic y de su compinche Mingo Revolorio con el garrafón de aguardiente que, comprado
con sus últimos recursos, llevan a vender a la ciudad y que a tanto el trago debe producirles una bonita suma. El cansancio, el calor y lo largo del camino hace que, con el peso que les sobró, se van vendiendo uno a otro, a peso el trago y al contado, el contenido íntegro del garrafón... (p. 118). Nunca llegaron a entender cómo es posible que al final se encuentren sin los mil doscientos pesos y... sin el aguardiente, y, para colmo, terminarán en presidio, pues de tan borrachos que estaban perdieron la guía... «Sin la guía, contrabandistas, con la guía personas honradas». Tal será su conclusión amarga» (p. 133).
En resumidas cuentas, la sociedad que sirve de telón de fondo al drama es hostil, brutal, incomprensible al pobre. Este último vive en ella una existencia precaria, movido por intereses ciegos y por fuerzas que no alcanza a entender; así lo vive Nicho Aquino, por ejemplo, al hablar de sus deberes como «muñeco correo» (p. 241). El sentimiento más generalmente experimentado es el de la soledad, soledad absoluta y que, simbolizada en La estructura social en «Hombres de man», de Miguel A. Asturias 705 la búsqueda desesperada de la mujer amada, llega a momentos de paroxismo que rayan en la locura o en el suicidio y que compagina con la sensación de una carencia («los hombres sueñan con paraísos que tuvieron y que perdieron») y con la nostalgia de la unidad. Todos sueñan con esa uniónoriginal ,ahora perdida y que sólo en alguna fiesta religiosa o en los lugares de reunión: «zaguanes de recuas, y arrieros, fondas, posadas y velorios»(p. 161), se tiene la ilusión de recobrar. También es esta carencia fundamenta] la que engendra las leyendas, esos mitos, esas creencias poéticas de la conciencia común que a veces justifican un destino o hacen, al menos, que la vida sea llevadera. Y es aquí donde se verifica la unidad de la obra, en esa añoranza general de una comunidad de destino. Aquí es donde enlazan los dos temas, el de la profanación del maíz y el de las esposas que «tecunean». Se ha dicho de Hombres de maíz que era una reflexión acerca de la soledad existencial del hombre frente al misterio de sus orígenes y de su destino. Pero también hay algo más, y es que Asturias ha sabido, logrado, hacer patentes, mediante la íntima imbricación de los aportes socioculturales del pueblo maya y del reflejo de una realidad social determinada, ese profundo desgarro que aqueja a tantos pueblos de nuestro universo. A través de la dramática añoranza de un destino común propia de los pueblo indios, Miguel Ángel Asturias aboga por un mundo justo y digno y muestra que la miseria material acarrea como consecuencia obligada el aniquilamiento espiritual y moral de los pueblos oprimidos. Este aspecto de auténtica protesta social, añadido a la extraordinaria actualización del légamo cultural del pueblo de Guatemala, hace de Hombres de maíz uno de los libros más impresionantes y más importantes de lo que va de siglo.
RAQUEL THIERCELIN

1 comentario:

Roberto Vásquez dijo...

Hola en alguna ocacionn alguien conocedor entiendo me dijo que el nombre no era popol-vuh, si no: pol-vuh

que hay de esto¿